Vas a recibir la llamada que estabas esperando. La agencia te ha encontrado un sitio. Escuchas los detalles. Pero de repente te detienes. El lugar es un pueblecito, y no la gran ciudad que tú quieres. Quizás haya mascotas en la casa y tú prefieras un hogar tranquilo sin ellas. O quizá la persona a la que se supone que debes cuidar tenga un diagnóstico con el que nunca te has enfrentado antes. Tu primera reacción es rechazar la oferta. Quieres esperar al perfil «perfecto».